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martes, 7 de febrero de 2017

Miércoles 8 febrero, "La Opinión: ¿Una izquierda líquida?"

Este miércoles en La Opinión: ¿Una izquierda líquida? por José Luis Úriz. Como siempre a las 14:30 h. y R a las 19:30 h.

El recientemente fallecido Zygmunt Bauman introdujo en sus reflexiones la idea de sociedad líquida, modernidad líquida, e incluso amor líquido. Intentaba definir con ellas el actual momento de la historia donde todo parece efímero, frente a lo que vivimos nuestra generación y la anterior en la que lo consistente se imponía.

Casas fuertes, de ladrillo, empleos que duraban toda la vida laboral, matrimonios que acababan con la muerte, amistades eternas. Ahora esa liquidez acaba generando relaciones de usar y tirar, inconsistentes, empleos en precario, una sociedad voluble, amores volátiles y dispersos.

Ahora todo es líquido como el agua en un vaso que cambia de posición a la menor vibración. Esa sensación de interinidad va desde la situación profesional, familiar, amorosa o vivencial. Es como si cambiáramos de traje, o de camisa, cada mañana. Esa situación produce inestabilidad, inconsistencia, miedo, nadie puede sentirse seguro, la todo poderosa clase media de antaño ha saltado hecha añicos y se encuentra en KO técnico.

Bauman en su reflexiones planteaba que se estaba produciendo una “devastación emocional y mental de muchos jóvenes que entran ahora al mercado de trabajo y sienten que no son bienvenidos, que no pueden añadir nada al bienestar de la sociedad sino que son una carga”. Y concluía, “la gente que tiene un empleo experimenta la fuerte sensación de que hay altas posibilidades de que también se conviertan en desechos” con lo cual esa sensación de liquidez se incrementa.

Esta liquidez de la sociedad, se traslada a las relaciones humanas, el amor ya no es como antes, le falta anclaje, fuerza en su construcción, porque los sentimientos cada vez son más vacuos, vacíos de contenido. Se cree que se siente, pero al menor envite ese estado líquido hace que se derrame por el suelo desperdiciando el empuje que provoca un sentimiento profundo consolidado.

La política actual también se ve infectada, invadida por ese estado de liquidez. Los y las políticas son personas y por tanto susceptibles de sufrir esa terrible enfermedad. Afecta así a sus comportamientos y por lo tanto a esa política cada vez más débil, con ideas poco profundas que a veces recuerda al famoso diálogo de los Hermanos Marx: “Estas son mis condiciones (ideas), pero si no le gustan tengo otras”.

Pero dentro de esa política afecta especialmente a una izquierda vacía de ideales y huérfana de ideólogos. Lo que existe hoy mañana desaparece. Lo ocurrido en Francia y lo que está ocurriendo en España o Italia es un ejemplo de ese estado de liquidez por el que atraviesa especialmente la izquierda europea.

En el caso de Francia afectada por el virus de la incertidumbre los candidatos de PSF aparecen y desaparecen. El heterodoxo Hamon ha vencido en sus primarias al oficialista Valls que a su vez había desplazado al anterior líder Hollande. Cuando parecía que lo más conservador del socialismo francés se disponía a dar batalla a lo más rancio de la derecha, Fillon el extremo del centro y Le Pen el extremo de la derecha, la militancia socialista da la campanada imponiendo con sus votos a un socialista de izquierdas, vamos cómo debe ser un socialista.

Quizás ahora esa sensación de liquidez pueda desaparecer, aunque cabe la posibilidad de que Hamon, como Corbyn en Inglaterra, Tsipras en Grecia, o Renzi en Italia acaben pragmatizados volviendo a esa izquierda a su estado de liquidez.

La misma liquidez que se observa en nuestro país, con un PSOE a la deriva y un Podemos que no acaba de encontrarse, ambos en plena lucha fratricida. Observar la poca consistencia que existe en sus debates más personalistas que de fondo, produce decepción. Se observa también aquí ese estado de liquidez que apuntaba Bauman.

Sólo la reaparición de un nuevo Sánchez con un discurso más potente, ideologizado, de izquierdas, con propuestas novedosas que cuando era Secretario General, puede dar un poco de esperanza. Eso y la rebelión de las masas de afiliación que se está produciendo en el seno del PSOE.

Curiosamente parecía que ese fenómeno fuera más fácil en un Podemos mayoritariamente joven, pero al igual de la Revolución en Rusia ahora que se cumplen los 100 años, se dio allí cuando todos los análisis apuntaban a que fuera en la Alemania industrializada y con una clase obrera potente.


Si esa marea revolucionaria socialista es capaz de imponerse en las primarias, la izquierda española celebrará ese centenario con una gran noticia. Ojalá….