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jueves, 8 de junio de 2017

Jueves 8 de junio. "De Manchester a Londres, pasando por....Siria"

Un nuevo escalofrío ha recorrido el espinazo de la vieja Europa el pasado domingo, justo después de la final de la Champions y en plena euforia de la hinchada madridista.

Esa es una de las contradicciones de este mundo cruel, que sigue girando a pesar de los terribles acontecimientos, de los asesinatos, porque a nadie se le ocurrió suspender las celebraciones de la duodécima copa del Real Madrid para solidarizarse con las víctimas de Londres. Nadie transformó la inmensa alegría de ser campeón de Europa, para intentar sentir un poco del dolor de las víctimas y familiares de una tragedia ocurrida apenas a unos kilómetros de allí.

Ese es uno de los dramas de nuestros tiempos, que a casi nadie le importa un carajo el dolor ajeno. Que vivimos en una sociedad hipócrita sin capacidad de empatizar, que las lágrimas de cocodrilo se imponen al sentimiento real y sincero.

¿Cuántos de los que ahora lloran esas víctimas en las redes sociales, o en los comentarios de bar, peluquería, o carnicería, se sintió implicado a los pocos minutos de que Sergio Ramos levantara la orejera en Glasgow con lo ocurrido en la capital del reino? ¿Hubo realmente alguno que lo sintiera sinceramente? ¿O somos todos realmente unos hipócritas?

Es cierto que el terrorismo islamista indiscriminado es brutal, abominable y condenable. Eso de socializar el dolor lo conocemos muy bien por aquí, especialmente en la época más brutal y sanguinaria de ETA. Pero también en esta ocasión esa socialización del dolor produce sufrimiento en ambas orillas.

Igualmente, esa hipocresía de la sociedad acalla las voces que al igual que condenan esta barbaridad, que abominan de ese terrorismo salvaje, lo hacen de la misma manera con los bombardeos indiscriminado en Siria o Afganistán y con las miles de víctimas que yacen en el fondo de un mar Mediterráneo convertido en una inmensa fosa común de seres inocentes que huyen de una guerra provocada por una panda de criminales irresponsables.

Uno de los pocos terroristas detenidos vivos, porque las diferentes policías disparan primero y preguntan después, cuando el trabajo bien hecho sería detenerles con vida para obtener la mayor dosis de información, declaraba haberse hecho yihadista viendo en los informativos de televisión los niños, niñas y mujeres muertos (¿o debemos decir asesinados también?) en las ciudades de Siria, como consecuencia de las miles de bombas que les vienen encima de los ejércitos de Assad, Rusia, Francia, o EE.UU
Esa población civil inocente, al igual que la de Paris, Bruselas, Manchester, Londres, o anteriormente Madrid, también sufre las consecuencias de esa brutal guerra. Lo sufren allí y lo sufrimos aquí, porque sus jóvenes de manera cruel y criminal sí, intentan hacernos pagar lo que nuestros mayores les hacen a los suyos.

Esto no tiene solución. Mientras desde las televisiones occidentales vomiten imágenes en los telediarios de aquella brutalidad, tendremos aquí la suya. Mientras existan jóvenes dispuestos a morir matando para vengar a los suyos, esa socialización del sufrimiento la pagarán nuestras gentes.

Sólo parando aquello se parará esto, porque la ley del Talión, el “ojo por ojo y diente por diente” nos está llevando a esta escalada de violencia. Si contestamos su brutalidad con la nuestra, si a los muertos de Manchester y Londres le añadimos los de Aleppo, o Raqqah jamás pararemos esta espiral.

Desde la condena más contundente del atentado del sábado en Londres hago un llamamiento a la cordura, a la sensatez de los que pueden parar esto para que lo hagan. A quienes tienen capacidad de presionarles desde instituciones, grupos sociales, económicos e incluso religiosos para que empujen en esa dirección.

Sólo actuando en el origen del conflicto, acabando con una guerra estéril, evitando el horror, como señalaba Conrad en “El corazón de las tinieblas” en boca del coronel Kurtz, conseguiremos evitar el odio de esos jóvenes suicidas.

El odio no se combate con más odio. Tampoco convirtiendo Occidente en una fortaleza inexpugnable y protegida, porque siempre habrá alguien dispuesto a inmolarse por Alá.

Nota: La Opinión es un espacio de Radio Rebelde Republicana abierto y plural, en el cual una serie de colaboradoras/es dejan su opinión respecto algunos temas, que no siempre tienen por qué estar en la línea editorial de nuestra emisora.