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Himno de la República RRR

lunes, 6 de agosto de 2018

Lunes, 6 de agosto. "UNA SALIDA DIGNA A UN ESTADO FALLIDO" por Núria Martínez López


La opinión por Núria Martínez López

UNA SALIDA DIGNA A UN ESTADO FALLIDO

Dado el deterioro democrático al que este Estado español se halla sometido, ha llegado el momento de analizar ciertos factores que hace cuarenta años, cuando nació la mal llamada Monarquía Parlamentaria, no existían, o eran pensamientos aún muy poco madurados.
Hemos evolucionado a un sentimiento casi uniforme en todo el territorio y, más aún entre los que nos consideramos republicanos, de rechazo al Estado español o de no pertenencia. Por tanto, considero que en este punto del camino debemos tener muy en cuenta las diversas sensibilidades republicanas encontrando la mejor salida, donde podamos permanecer unidos pero no atados.

Lo más coherente sería diseñar una República de repúblicas o una Federación de federaciones, siendo estas independientes para gestionar sus propios asuntos de manera individual, de elegir qué tipo de relaciones desean tener con los demás, en lo político, en lo económico, en lo cultural,... Abriendo la puerta a que puedan unirse a este proyecto otros estados que ni se contemplan a día de hoy. Es decir, la República deberá ser inclusiva y no exclusiva como lo es el actual el Estado español. Sólo matizar que, dentro de esa libertad de maniobra para las futuras repúblicas o federaciones, tendría que haber algunas cuestiones innegociables y por tanto comunes para todos como son la sanidad, la educación, el sistema judicial o el sistema público de pensiones. Estos han de ser públicos, universales, imparciales e indiscriminatorios. Como se puede comprobar, el actual sistema autonómico sólo ha generado desigualdad entre la ciudadanía en estos aspectos que deberían estar garantizados por el sólo hecho de ser ciudadano/a.

Lo primero que se debería hacer es crear conciencia republicana entre la población. Muchos ciudadanos desconocen que es una república y tienen un concepto erróneo. Una República es un modelo de Estado y no un partido político. Por tanto, es inevitable hacer una gran labor pedagógica en este sentido.

Esto sería una empresa a largo plazo. La mayoría de los partidos políticos con representación parlamentaria o autonómica evitan hablar de república, y en todo caso defienden reformar el actual sistema a través de pequeñas modificaciones a la Constitución del 78.

Por otra parte, tenemos que tener muy presente que el modelo de estado actual es heredero directo de la dictadura franquista. El poder cambió de nombre pero no de manos, permitiéndose que la mayoría de ministros franquistas se transformaran en “demócratas” sin pedirles explicación alguna. Tampoco se sanearon otras instituciones donde cada cual siguió ocupando su lugar de siempre. Por tanto, ilegalizar el franquismo sería la mejor opción, pero llevarla a cabo es casi un imposible.

Descartando estas dos posibilidades, pues se pueden volver eternas, es decir, ni los partidos constitucionalistas están por la labor de proponer una República como alternativa al modelo existente, ni mucho menos están por la labor de profundizar en el origen franquista de este, promoviendo su ilegalización inmediata, ha de ser el poder popular el que defienda y provoque el cambio. Sumando, educando y reivindicando. Una mayoría popular que fuerce la caída del sistema y que de paso a un proceso constituyente donde todas las partes sean escuchadas, sin presiones, sin temores, sin chantajes,...

Apostemos pues por la revolución social como motor de cambio a corto-medio plazo.
Otra cuestión es que a los territorios jamás se les pueden aplicar cualidades propias de los humanos. Los términos igualdad, equidad, simetría, ...se deben aplicar a los ciudadanos y nunca a los territorios.

Ahora bien, hay cosas que debemos tener muy claras. ¿Cómo sería vivir en una República?

Un ciudadano/a en una República siente que los intereses de su territorio están representados en una cámara específica con verdadera fuerza legislativa. En España, el Senado es una broma de mal gusto en ese sentido, porque mandan los partidos políticos y porque aquello se ha convertido en un asilo para políticos venidos a menos. Aquí no hay ningún sitio en el que Andalucía pueda debatir con Baleares sobre cuestiones de pesca. O que Cataluña defienda algo frente a Galicia.

Un ciudadano miembro de una República sabe que hay ciertas cuestiones que no se pueden decidir individualmente: la defensa nacional, la política exterior, ciertos derechos básicos, los símbolos comunes que representan la identidad del conjunto, como la bandera o el himno... Eso no puede discutirse (o mejor, puede discutirse en la Cámara territorial correspondiente), pero tomadas las decisiones nadie debe contradecirlas.

En una República, la capital tiene cierta importancia, pero como lugar más o menos neutro de articulación de intereses políticos nacionales. Por eso es razonable que, si el Congreso de los Diputados y el Palacio de la Moncloa están en Madrid, el Senado pueda estar en Cádiz y el Tribunal Constitucional en Barcelona... Nada impide que el Ministerio de Agricultura pueda estar en Valencia. Parece una nimiedad pero no lo es, porque la distribución de las instituciones por todo el estado logra a medio y largo plazo que la gente perciba, simple y llanamente, que no todo tiene que pasar por la capital.

Con el régimen de autonomías actual las competencias son fruto de una negociación con un poder central, el Gobierno de España, que parece condescender o no según le viene en gana. No son fruto de un debate sano, equilibrado y justo entre los territorios. Una República exige que sus diversos territorios, se pongan de acuerdo en qué puede hacer cada cual y qué se paga entre todos, como si se tratara de los gastos de comunidad en un bloque de vecinos. Eso, por mucho que se empeñen algunos, en España no sucede hoy.
¿Por qué el Reino de España es un Estado Fallido?

Según el centro de estudio Fund for Peace un estado fallido cumple los siguientes parámetros:

1. Pérdida de control físico del territorio, o del monopolio en el uso legítimo de la fuerza.
2. Erosión de la autoridad legítima en la toma de decisiones.
3. Incapacidad para suministrar servicios básicos.
4. Incapacidad para interactuar con otros Estados, como miembro pleno de la comunidad internacional.

Desgranando cada punto, se podría decir que:

El primero bien se podría aplicar a Catalunya, donde si bien el “control físico del territorio” no se ha perdido, el Reino de España ha quedado totalmente evidenciado por el uso excesivo de la violencia y supresión de derechos y libertades de manera autoritaria. A parte existen otras formas de violencia que el Estado ejerce sin pudor contra sus ciudadanos y no sólo en Catalunya.

El segundo punto, acertadamente podría hacer referencia a la supeditación del Gobierno, y por ende del Estado, en cuanto a toma de decisiones se refiere, que atiende más a factores externos que nada tiene que ver con nuestra soberanía, que a las necesidades reales del pueblo.

El punto tres se explica por sí sólo. Miles de familias desahuciadas, pobreza infantil, recortes sanitarios, recortes en las pensiones, miles de familias sin prestación e ingresos de ningún tipo, precariedad laboral, etc.…Podría llenar un libro con todo tipo de estas infamias.

La Constitución contempla la expropiación forzosa y otras herramientas, con las que puede supeditar la riqueza del estado al interés social. ¿Por qué no se toman medidas de este tipo? ¿Qué nivel de pobreza debemos alcanzar para que actúen en este sentido? Los artículos 33, 38, 53,128 ,131 y 132 convendría consultarlos más a menudo y aplicarlos.

Por último, el punto cuatro y no por ello menos importante, nos puede traer a la memoria instantáneamente y sin resquemor, la crisis de migrantes en el Mediterráneo en la que “nuestros socios comunitarios” se lavan las manos ante la incompetencia de un Estado que no es capaz de negociar una cooperación justa.

La soberanía del Estado español está en manos de terceros que deciden por nosotros y que, a menudo, nos embarcan en guerras y conflictos con los que la mayoría de la ciudadanía no estamos de acuerdo. ¿Es éste un Estado de pleno de derecho frente a sus homólogos? ¿Se consulta a la ciudadanía alguna vez si queremos o no participar de esas atrocidades?

Como se aprecia, no hace falta viajar con la mente a países remotos para comprobar que cumplimos todos los requisitos de un estado fallido.

Para arrancar de raíz estos y otros problemas, es necesario construir un nuevo Estado e indudablemente habrá de ser República. Ya no sirven parches, ni remiendos, ni ningún tipo de zurcido a la Constitución del 78 ni a todo lo que lleva asociado.

Ruptura y República.

Núria Martínez López

Nota: La Opinión es un espacio de Radio Rebelde Republicana abierto y plural, en el cual una serie de colaboradoras/es dejan su opinión respecto algunos temas, que no siempre tienen por qué estar en la línea editorial de nuestra emisora.